
Misión cumplida. Ayer devolví "Al final de la escapada" y hoy "Stalker", con un día de retraso consentido por El Gerente, que así da gusto. Impresiones:
- De "Al final de la escapada" poco puedo decir, salvo reconocer mi humildad (¿ignorancia?) absoluta respecto a Godard, e intuir su genialidad. No había visto nada suyo, ni he catado aún a Truffaut, ni a Bresson, ni siquiera al padre Rohmer. Si alguien se siente ofendido o decepcionado, puede dirigirse al apartado de correos veintiocho cero ochenta de Madrid. Me resultó una experiencia estética interesante y disfruté viendo cómo también Belmondo deconstruye a Bogart (pobre Bogart), y contemplando a la chispeante y terrible Jean Seberg con ese corte de pelo tan sesentero. Pero creo, en cualquier caso, que hay que saber de cine más de lo que yo sé para sacarle todo el meollo, que diría Keating. Cuando tenga más tiempo, leeré algo sobre la nouvelle vague, porque esto es Cine de manual de instrucciones.
- Sin embargo, con "Stalker" se me han abierto los cielos como me sucedió hace ya tiempo con "Deseando amar". Me da la impresión de que Tarkovsky se va a convertir en otro de ídolos con pies de barro (no sé si queda peor eso o "becerros de oro", pero hoy sólo me salen metáforas bíblicas). El caso es que me lo habían recomendado, pero claro, a ver con qué humor encaras películas rusas subtituladas de tres horas cada una y ritmo anunciadamente muy lento. Mis prejuicios saltaban y brincaban todos juntos cada vez que oía el nombre del ruso, y yo solía salir con evasivas tales como "la noto a usted mucho más gruesa". No quiero contaros nada sobre la película para incentivaros más a que la veais, o bien a que busquéis una buena reseña en internet, por pereza mía y vuestra.
Os recomiendo las dos, pero sobre todo la segunda. A no ser, claro está, que hayáis rodado alguna película francesa durante los años sesenta.