Es curioso. Un amigo anónimo, probablemente mujer, probablemente argentina y rubia, y probablemente amante de París, de Jorge Luis Borges y de los nombres de los pueblos de Murcia, abrió hace poco una página en Facebook a la que bautizó con un sugerente "Para que Angel Cobacho no cierre su blog". Así, sin tilde ni nada. Por si fuera poco, nombró como segundo de a bordo a un secuaz anónimo, probablemente compañero mío de coro, probablemente tenor agudo, probablemente odontólogo y muy probablemente aficionado contumaz a juegos de mesa tales como el parchís, la ruleta rusa o el caldero.
Ni qué decir tiene que yo jamás he pensado en cerrar el blog, y que si ahora lo riego menos es, como muchas veces he dicho, porque la actividad docente e investigadora se está intensificando y el birrete molesta muchísimo a la hora de escribir entradas. Es cierto que podría transcribir mis últimos artículos, y que me lo agradeceríais igualmente, pero no quisiera abusar de vuestra paciencia, aunque el que abusa, por otra parte, no es traidor.
En cualquier caso, toda esta campaña viral de la talla de NomiresMTV o del No-Typicall ha redundado en un aumento considerable del número de mis seguidores. A día de ayer, cincuenta y ocho. A día de hoy, sesenta y nueve. A día de mañana, nunca lo sabremos. Y claro, es cierto que donde leen cuatro leen cinco, pero no puedo evitar preguntarme quiénes diantres sois, y os agradecería sobremanera que me dejéis, si lo tenéis a bien, vuestros datos personales junto con el donativo que se requiere para permanecer más de una semana en mi seno.
Dios os lo pague.