domingo, 18 de abril de 2010

Skype

Parece mentira. Un programa tan inadvertido e, incluso, por qué no, tan objeto de mis denuestos e invectivas, de repente convertido en uno de los que más uso a lo largo del día y de dos o tres horas, aleatorias, de la noche. Lo cierto es que le sigo encontrando la pega fundamental de no poder suprimir ese molestísimo soniquete del chat escrito, que no pienso siquiera onomatopeyizar para que se chinche.

Sin embargo, en cuestión de videoconferencias no hay cosa igual. Sin parangón. Es ágil con una buena conexión, y además tiene un diseño estupendo, blandito, maleable y dúctil, como nos gusta a los usuarios de mac y a los usuarios de pc que deberían ser usuarios de mac.

Además, creo que he localizado el origen del desdén con que lo he tratado durante todos estos años ominosos: la webcam. Ahora es muy fácil juzgar con severidad mis severos juicios, ahora que todos tenéis un portátil con cámara incorporada. Situaos, sin embargo, cuando sólo los terratenientes y algunos gobernadores civiles podían permitirse tales asiáticos lujos, mientras que el resto del vulgo (vulgo "vulgo"), nos habíamos de conformar con pequeñas webcams malencaradas de esas cuya imagen sólo rivalizaba en infamia con sus modos de agarre al ordenador, siempre en perpetuo desequilibro sobre sus trípodes absurdos. ¿Lo veis ahora? ¿Lo veis?

Debería redactar más posts sobre programas y aplicaciones. O más posts, sin más. O posts.

12 comentarios:

Alejandra dijo...

Mis allegados quieren que me pase la vida skypenando y por ahora me resisto. Ya me negaba al móvil, al correo electrónico, al facebook, al blog y a la termomix. Ya he caído en todo, en todo vicio y en todo pecado. Lo de skypear lo voy a retrasar. Para que se chinche, exactamente.

Javier González dijo...

Skype -> preferencias -> notificaciones.
Allí vas seleccionando la notificación y decidiendo si quieres que suene o no :)

Y sí, es un gran programa, a mí me encanta. Es una pena que no sea un gran conocido.

Ángel dijo...

Alejandra, yo, en calidad de allegado tuyo en tercer grado (centígrado), me gustaría aconsejarte que skypearas y así te chincharías tú misma.

Mr. Durden, esa táctica no funciona. Ya lo probé, y todo lo demás. Incluso le desinstalé los altavoces y los tiré a la corteza terrestre. No resulta.

Pako dijo...

¡Agrégame, amigo! ¡Que lo tengo sùper vacío! ¡Parezco un niño sin amigos!

Superflicka dijo...

Yo me resisto, ahora y siempre, a la webcam. No puede ser que tenga renunciar a mi chándal y mi moño de maruja por hablar con alguien. Soy muy militante del chándal de andar por casa.

Yo me hice skyper en Suecia. Lo de las llamadas gratis hace mucho. Y, fíjate, he podido hablar contigo dos años después, motivo por el cual le voy a hacer un monumento. Bueno, y por las interfaces de colorines intercambiables, también.

Ángel dijo...

Pako, has escrito "amigo" y no "hamijo". ¿Estás bien? ¿Es porque ya trabajas y eres circunspecto?

Superflicka, ¿vergüenza por chatear en chándal? ¿Desde cuándo?

Superflicka dijo...

¡¡Es un chándal de pana de 1984!!

ace76 dijo...

Pues sí, deberías escribir más posts.

Yo usé una vez el Skype.

Ángel dijo...

Superflicka, ¡pero eso es a favor!

Ace, si escribes tú los artículos de investigación que me exige la ANECA, te escribo una entrada diaria y como extra te coso el dobladillo de los pantalones.

filomela dijo...

Hay un antes y un después.Para los que estamos en la diáspora es la supervivencia. Uno siempre puede mentir y decir que la cámara no funciona cuando está con la bata y los rulos en el peor de los casos. Imprescindible, no se cómo Alejandra aún se resiste. El único problema es el desajuste horario, pero nada insuperable.

Alejandra dijo...

Me resisto, filomela, porque después no podría parar de skypear. Voy poco a poco con los enganches. Bastante tengo con el facebook y el blog. No hablemos del correo y el móvil. Yo, que era un alma cándida...que por no tener, no tenía ni reloj.

filomela dijo...

Yo también era así en mi juventud, Alejandra, evitando caer en las tentaciones, pero finalmente...