lunes, 2 de julio de 2007

Ay...

Esta mañana me he desayunado en la cantina de la Universidad un buen bocadillo de tortilla de patatas con mayonesa y un zumito de piña. Sobre la mesa había uno de esos periódicos gratuitos, llamémoslo "Qué", por ser su verdadero nombre. Mientras engullía mi desayuno con avidez, con las fauces rebosantes de suave y casera mayonesa depositada al aire libre en un tarrito sobre uno de los mostradores de la cafetería universitaria, el siguiente titular ha comparecido ante mis córneas:

"El mayor riesgo de contraer gastroenteritis en verano radica en la ingestión de huevos y derivados, tales como tortilla o mayonesa"

Sic. O sea, así. Tal cual. He mirado el bocadillo y me ha parecido ver a unos bichos chiquiticos que se deslizaban con sus ocho patas con forma de esquíes por rampas de mayonesa. Total, ya quedaba una esquinita sólo y me la he acabado comiendo, con gotitas de sudor frío recorriendo mi terso cutis.

Y lo peor es que al final, si me pongo malo, será por el zumo.

5 comentarios:

Tamaruca dijo...

No debería leer este tipo de entradas (éste comentario debería estar enfatizado por un "aix" pero mejor me abstengo :D)

A menudo pienso que mi escrupulosidad es ilimitada. Es una de las razones por las que nunca desayunaba en la cafetería de la facultad.

Ángel dijo...

¿Segura?

Antonio Rentero dijo...

En verano lo mejor es reducir la dieta a la mera ingesta de cantidades industriales de limón granizado del Sirvent de Santo Domingo y ocasionalmente tapas de salmonella viva para contrarrestar el efecto astringente del citrico.

Todo ello, por supuesto, acompañado de una ligera guarnición de asado de jabalí con patatas a lo pobre y alioli.

Tamaruca dijo...

Agg...

Es usted cruel, ¡jajaja!

Ángel dijo...

Y lo que le queda por ver, si sigue frecuentando este mi blog.