martes, 5 de junio de 2007

El Gimell

Narra el Profesor Vorjes que, en 1846, durante el transcurso de una de sus frecuentes y normalmente poco fructíferas expediciones a Torrevieja, encontró una historia tallada sobre la arena, entre varias sombrillas. Sacó su bloc para intentar transcribir algún fragmento especialmente interesante, aun a sabiendas de que más tarde, con un poco de suerte, tardaría años y años en encontrar sus anotaciones. Herbert, mi hijo póstumo, tras acariciarme como cada día durante unas horas el entrecejo, me habla del hallazgo del bloc bajo uno de los premolares de un contable japonés de mediana edad. Desde su celda, durante una de sus últimas entrevistas, éste sigue asegurando que jamás hubiera tratado de ocultar el bloc del Profesor Vorjes, mientras devora con avidez el diario de Ana Frank, el cuaderno de bitácora del Capitán Achab y un mapa geográfico con los principales afluentes del Guadalquivir. El bloc se conserva milagrosamente intacto, y el odontólogo que lo descubrió murió calcinado poco después cuando intentaba abrir una bote de melocotón en almíbar.

Herbert se sienta sobre mi regazo y da un sorbo a su taza de té, pero antes de que comience la narración llaman para ofrecernos un piso en multipropiedad. No parece mala oferta, pero declinamos cortésmente la oferta utilizando únicamente adverbios de tiempo.

El Profesor Vorjes, o doña Brígida, como se le conocía en las puestas de largo a las que acudía sin previa invitación, transcribe en su cuaderno la celebración de un matrimonio, aunque por las anotaciones a pie de página y las frecuentes acotaciones, muchos historiógrafos opinan que se trata de una copia textual de la sección deportiva de un diario portugués.

Le pido a Herbert que continúe su exposición. Sorbe con delicadeza otra vez su vaso de café con leche, carraspea y se queda profundamente dormido. Prefiero no despertarle y empiezo, tembloroso e inquieto, a escribir yo mismo sobre la ceremonia contenida en el hallazgo del anciano Profesor. Pienso en el claro de luna de un bosque escandinavo bajo una bóveda de cielo estrellado donde dos jóvenes de rasgos nórdicos entrelazan sus manos jurándose fidelidad eterna ante la mirada cómplice de venerable clérigo del poblado. Es una imagen que me ayuda a relajarme cada vez que me asaltan mis frecuentes crisis de ansiedad. Mucho más tranquilo, escribo ya sobre el manuscrito de Vorjes.

Arual conoció a Legná en la Academia donde éste impartía sus clases. Pronto descubrió que Legná no era como los demás chicos a los que había conocido, no tanto por su color verdoso, sus alas de murciélago y su curiosa habilidad para resolver autodefinidos sin necesidad de bolígrafo, como por aquella inusual forma de mirar. Cuando Legná la miraba con su ojo derecho parecía transmitirle el mismo amor que ella le empezaba a profesar, y cuando la miraba con su ojo izquierdo sentía la necesidad de recorrer grandes distancias en monociclo. Un día, Arual se acercó a Legná y, bajo el pretexto de pedirle matrimonio, consiguió que le aclarara unas dudas sobre la clase del día anterior.

Mucha gente acudió a la ceremonia. Entre ellos destacaba Kovak, joven alquimista amigo de la pareja, que acudió acompañado de su inexperta y voluptuosa aprendiz, la joven Narfie. A Kovak y Legná les unía una amistad que se había consolidado en la fragua del tiempo, pues ambos se conocían desde hacía ya casi diez minutos e intuían que uno de los dos pronto sería acusado del suicidio del otro.

En este punto, Herbert despierta y bosteza. Se refresca los labios con otro sorbo a su copa de almizcle y me pide que acabe con la narración. Llaman a la puerta. Cuando la abro, me encuentro con dos paisanos vestidos de policía, que me piden que les acompañe a comisaría. Herbert llora y, consciente de mi destino, me acaricia el entrecejo por última vez.

3 comentarios:

Antonio Rentero dijo...

Un texto aue podría haber firmado el inefable TIP... casi te ha faltaod poner al final lo de "SANTO VARÓN, LUÍS... SANTO VARÓN".

taun dijo...

Waaauh!!
Esto va directo al libro, y de ahí, a la lista de los best sellers.

Ángel dijo...

¿Y de la lista de los best sellers a dónde?

Ya me estoy emocionando...