martes, 9 de enero de 2007

Azcárate

Me encuentro, mientras leo un interesante libro sobre el sistema funerario en el Derecho español, con un fragmento del testamento de don Gumersindo de Azcárate (1840-1917), político y pensador español muy cercano en sus postulados al krausismo y a la Institución Libre de Enseñanza. No sé si habrá sido por un exceso de especias en la comida de hoy, pero a mi su sinceridad y su muestra de honestidad intelectual me parecen entrañables y, en gran medida, conmovedoras.

"¡Qué sentido tan inhumano y anticristiano se le viene dando a esta clasificación de los cementerios! En el civil se da tierra a los ateos, a los racionalistas, a los librepensadores, a los protestantes, a los judíos y a todos menos a los católicos. El cementerio de éstos parece reservado sólo para los buenos y los piadosos, mientras que aquél se destina para los malos y los apestados. Por eso me repugna que mis huesos vayan a parar al otro, porque no quiero morir mintiendo. Mientras que así continúen las cosas, ordeno que se me entierre en el civil y deseo que mis amigos católicos sepan que el disponerlo en mi ánimo les conservo a todos el mismo cariño de siempre, porque mi conciencia me manda declarar mi laicismo, pero también me ordena venerar la Religión Católica, pues aunque haya perdido la fe, aquélla no me consiente que mi cadáver profane sus ritos y ceremonias, que siempre he respetado y respetaré mientras viva, y quiero seguir respetando aun después de muerto".

2 comentarios:

Unknown dijo...

Para los jurispollas el apellido Azácarate irá siempre indisolublemente unido a la célebre Ley contra la Usura y el Préstamo Leonino... que bonito y decimonónico todo, y que pena que haya caído en desuso, como la Ley de Vagos y Maleantes...

Ángel dijo...

Y para los que ni siquiera alcanzan el grado de jurispollas, Azcárate seguirá siendo un imperativo relacionado con las artes marciales.