Además de un hermano que te puede sacar de internet sin anestesia, soy propietario de una hermana, de nombre María Isabel, seis años menor que yo y sometida en consecuencia a mí por derechos de primogenitura y jerarquía dinástica. La mencionada, en un alarde de pragmatismo sin parangón, decidió estudiar Filología clásica y especializarse en griego antiguo, asignatura que imparte con desenvoltura y gracejo en un instituto público situado a lo largo de la geografía española.
En malévola connivencia con su colega bibliotecaria, mi hermana me involucró hace unas semanas en la inauguración de un cinefórum mensual en el mismísimo instituto. Me tocó presentar Sleepy Hollow, de Tim Burton, y he de confesar que mis reparos iniciales se vieron pronto superados por un público estupendo, una ambientación terrorífica y una serie de brownies y bizcochos de todos los colores, sabores y texturas.
La cuestión es que eso pasó el jueves por la tarde. Todos los demás días he tenido clases habituales y clases no habituales o de máster. Hasta cuatro horas seguidas, con pequeños descansos para propinar pequeños sorbos a un botellín de agua mineral. Esa ha sido la tónica general de la semana. El sábado me adherí al sofá, y el domingo decidí que lo mejor era andar quince kilómetros por el campo. ¡Comprendedlo, no me quedaba más remedio que descuidar el blog!
En malévola connivencia con su colega bibliotecaria, mi hermana me involucró hace unas semanas en la inauguración de un cinefórum mensual en el mismísimo instituto. Me tocó presentar Sleepy Hollow, de Tim Burton, y he de confesar que mis reparos iniciales se vieron pronto superados por un público estupendo, una ambientación terrorífica y una serie de brownies y bizcochos de todos los colores, sabores y texturas.
La cuestión es que eso pasó el jueves por la tarde. Todos los demás días he tenido clases habituales y clases no habituales o de máster. Hasta cuatro horas seguidas, con pequeños descansos para propinar pequeños sorbos a un botellín de agua mineral. Esa ha sido la tónica general de la semana. El sábado me adherí al sofá, y el domingo decidí que lo mejor era andar quince kilómetros por el campo. ¡Comprendedlo, no me quedaba más remedio que descuidar el blog!