domingo, 19 de diciembre de 2010

De aquellas pajas...

Yo puedo concebir que cuando acudo a los concesionarios de coches, los dueños, vendedores, clientes y accionistas mayoritarios, al verme la cara, se froten las manos y urdan maquiavélicos planes, casi siempre consistentes en convencerme de que a mi Polo se le ha roto el condensador de fluzo y en hacerme salir del local, finalmente, con el mismo atuendo con que en los antiguos tebeos la gente abandonaba los casinos: un barril con tirantes.

Me cuesta más asimilar que en La Albayda, céntrico restaurante franquiciado de Murcia, pida yo un revuelto de gulas, gambas y patatas paja, y me pongan un revuelto de gulas, gambas y patatas chips cuidadosamente desmenuzadas tras sentarse, a la vista de los resultados, la cocinera sobre la bolsa.

Tenía yo entendido que lo normal en estos casos, tras la queja oportuna, era una petición de disculpas por los empleados y la asistencia al proceso de sustitución del plato defectuoso por otro que ni has pedido ni te apetece, normalmente tarta de manzana retestinada o cabezas de gamba con olor a lejía. Desde luego, no esperaba que el joven aunque ya canoso camarero me espetara un "¡vaya, te has dado cuenta!" tan jovial como espontáneo.

La próxima vez ya me encargaré yo de que no haya próxima vez.

6 comentarios:

Superflicka dijo...

De mi experiencia en el restaurante de hotel en Estocolmo aprendí una valiosa lección que estoy dispuesta a compartir contigo: nunca devuelvas un plato a la cocina si no quieres que lo que te traigan esté escupido o pasado vuelta y vuelta por el suelo. Los cocineros llevan muy mal el trabjo extra.

emilcar dijo...

Es que con lo impertinente y maleducado que es el camarero de ese sitio, no entiendo como sigues entrando ahí.

Alvaro dijo...

Superflicka, lo que has descripto es la regla de oro de los que van a comer a un restaurante en cualquier parte del mundo. Preferiría pasar una temporada en la casa del Gran Hermano antes de devolver un plato en un restaurante.

Ángel, estoy preocupado, hace tiempo que la cantidad de seguidores de tu blog no aumenta de ochenta y ocho.

Ángel dijo...

Superflicka, es que los cocineros son de lo que no hay. A los demás el trabajo extra nos encanta.

Emilcar, porque era otro camarero y además a este no le olía la sobaca mora.

Álvaro, luego me haré yo seguidor para que llegue a 89.

Salamandra dijo...

¿Cómo? ¿que no eres seguidor de tí mismo? ... pues ya tardas.

Eso no supera a la vez que pedí una hamburguesa SIN tomate, y por supuesto me la pusieron con. Ante mi queja, el tipo ni corto ni perezoso levantó el pan, sacó la rodaja de tomate, volvió a colocar el pan, y lo apretó prestamente con los dedazos.

Re-pus-nan-tes

Ángel dijo...

Salamandra, siempre llego tarde a seguirme a mí mismo.