miércoles, 7 de marzo de 2007

Requiem Litúrgico

Ayer asistí a un funeral, y lo peor fue que lo peor no fue que se tratara de un funeral. Algunos sacerdotes deberían darse cuenta de que son ocasiones lo suficientemente dolorosas como para aliñarlas con aderezos que las hagan aún más embarazosas.

Sinceramente, no entiendo el empeño de tantos y tantos curas en retocar la Liturgia hasta convertirla en algo irreconocible, en un ejercicio de clericalismo absoluto que sonrojaría al redactor del art. 118 de la Sacrosanctum Concilium. Esas fórmulas enrevesadas, esas teatrerías gestuales... Como se empeñen, van a conseguir que yo también conteste lo que me pida el cuerpo en cada momento. "Levantemos el corazón" -invocarán. "Pues no sabría yo decirle" -contestaré.

Me gustaría dejar para otra entrada lo que pienso de la actual música litúrgica. El adjetivo "sacra" le queda grande, y el que tengo en la cabeza no resulta elegante (¿no debería acaso estar tipificado en el Código Penal el uso eclesial de canciones de los Beatles o de Simon & Garfunkel?). El coro de ayer merece un mención aparte. Se componía de guitarras y personas, en ese orden. Ya sabéis que considero la presencia de las guitarras en las celebraciones litúrgicas como prueba irrefutable de la degeneración de la especie. Pero había otro detallito que añadió un componente de surrealismo buñuelesco, de discreto encanto burgués: una señora en plena sesentena, con un crepado capilar desafiante a la ley de gravitación universal, mechada y, lo más curioso, de voz plañidera y rasgada, de la que se servía para entonar cánticos provinientes con casi total seguridad de alguna secta metodista y sureña. Era como la novia de Ned Flanders, pero en versión española.

Por no hablar de las homilías laudatorias en las que el oficiante, que probablemente no conoce de nada al finado, les pergeña una semblanza hagiográfica y postulatoria precisamente a los que más le trataron.

El consuelo es que no tendré que asistir a mi propio funeral. Así, al menos, la vergüenza seguirá siendo ajena.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

VERGUENZA?? ESO SIENTO YO CUANDO VEO QUE ESTAMOS RODEADOS DE GENTE SUPER-MENTIROSILLA....

Ángel dijo...

Sé a lo que se refiere la anónima visitante... Y no sé qué pensar.

Francis dijo...

Pues yo (¿por suerte o por desgracia?) no sé a qué se refiere, pero seguro que no es más que un exabrupto ridículo.

Estoy contigo Ángel: si Palestrina levantara la cabeza...

Ángel dijo...

Jaja, qué va, no es un exabrupto. Digamos que es un comentario que debía haber caído en la entrada que escribí justo tras esta.

Y además, tiene toda la razón del mundo. La apoyaría al 120% si eso fuera posible.