martes, 1 de noviembre de 2011

El perfume

Mi nariz mide ocho kilómetros de longitud norte y cuatro de latitud oeste. Es una nariz regia, que nada tiene que envidiar a la de Góngora ni a la de ningún otro portento de nuestras letras castellanas. Me ha costado muchos años de incesante trabajo conseguir tales épicas dimensiones para mi apéndice nasal, que muestro ahora orgulloso en ferias ambulantes, exposiciones de arte y convenciones de Ginebra.

Gracias a ella, soy capaz de captar olores que vosotros no creeríais. Es otro de mis superpoderes, que sumado al del sigilo y a una capacidad portentosa para los cálculos matemáticos, hacen un total de siete. He llegado a pasar horas de mi vida en perfumerías ordinarias de las de toda la vida, en busca de la fragancia más adecuada para cada momento, para mi estado de ánimo, para la estación del año, para las necesidades de mi país.

Ayer descubrí que no demasiado lejos de mi casa existe una perfumería no ordinaria. Olí perfumes, aguas de colonia y velas aromáticas, y vi que todo aquello estaba bien, salvo quizá un frasquito cuyo contenido me evocaba con demasiada intensidad los flashes de lima limón que engullía con avidez hace ahora veinticinco años. La convertiría en mi Fortaleza de la Soledad, pero abre a partir de las cinco por las tardes y entended que me viene regular. 

A todo esto, no os sobrarán cien euros, ¿verdad?

4 comentarios:

Alvaro dijo...

He leído el libro, he visto la película, he tenido charlas pseudo intelectuales sobre la obra en cuestión, todo en ese orden... Yo estoy hablando de El perfume, de Patrick Süskind, no sé de qué hablas tú pero me parece brillante.

¿Si uno tiene una nariz de colosales dimensiones significa que también tiene colosal otra cosa? ¿O eran las manos?

¿Y eso de pedir dinerillos? ¿No anda bien su liquidez don Ángel?

Anónimo dijo...

No, no me sobran 100 euros, aunque ya conocía el contenido de El Perfume, he de reconocer que me arrancado una que otra carcajada.
La próxima vez me fijaré en su nariz de perfil.
Por favor no responda a la pregunta dos de Álvaro xDDD

Ángel dijo...

Álvaro, no sé cómo responderte. Ni a qué. Ni por qué. A ver, para empezar, deberías ponerte tilde en la A. Leí El perfume, y luego vi El perfume. Debatiremos cuando por fin me decida a visitar la Pampa, que ya va siendo hora, y además hace ya muchísimo tiempo que no cazo avestruces. Al resto no puedo contestar porque es la una y trece y da mala suerte.

Anónimo, mi nariz de perfil. Me gusta esa idea, me sugiere hacerle un perfil a mi nariz en una red social. Una nariz con perfil en Facebook, por ejemplo. Podría funcionar, sí... ¡Contratado!

Alvaro dijo...

Don Ángel, nomás lo vea intentar cazar una avestruz con boleadoras, como los pobladores originarios de las pampas, lo hago objetivo de mi activismo ecológico. No pongo el acento en la "A" porque en mi documento de identidad no figura y no quiero faltar a la verdad.

Por cierto, en el lugar de la geografía argentina donde vivo lo que menos hay es pampas. Lo ilustro: vivo en un bellísimo valle rodeado de verdes montes, algunos de ellos poblados de árboles en flor en esta época. La arquitectura colonial y la geografía femenina redondea un paisaje encantador.

Saludos. Aprovecho la oportunidad para decirle que... me cuesta decir esto... le quiero.