jueves, 14 de enero de 2010

Recientes aperturas

En mi barrio han abierto, hace bien poco y casi simultáneamente, dos establecimientos relacionados con la gastronomía, el ocio y el despilfarro atroz. Para ellos esta entrada. Disfrutadla vosotros en su lugar. En el lugar que ellos ocupan. Ya me entendéis.

El primero, un bar lounge de esos que se estilan tanto, con cristales oscuros por fuera, ruido por dentro y un señor malencarado en la sección intermedia. Cuando, de madrugada, me asomo a mi balaustrada neoclásica y veo desfilar a los pijazos destilados, en esencia y en alcohol, siento ganas de matar aumentando. Hasta ahora, los únicos especímenes capaces de provocarme de tal forma eran los garrulos abiertamente declarados, con sus chándales blancos, sus coches tuneados y sus peinados con mullet. Ahora se les suman estos. La actual sociedad, tan carente de teología y de geometría, conspira contra mí.

El segundo, el mejor restaurante japonés al que he ido en mi vida. Como la última vez que lo visité fue con testigo presencial y comensal, ya podrá él, en la sección de comentarios, dar fe de mis certeras palabras. El ligerísimo inconveniente es que el pago de la cuenta comporta regresión automática al estamento social inmediatamente anterior, o a dos anteriores si se pide tataki de bonito y postre.

¿Tenéis algo que hacer esta noche?



21 comentarios:

María dijo...

Entiendo la pregunta como una invitación al Japonés, es una de mis comidas favoritas. Así que tengo la noche libre.
Pero, si no te importa, la copa la tomamos en tu casa, aunque suene descarado, porque me han entrado ganas de ver a los pijos desde tu terraza y arrojarles cacahuetes por encima de tu balaustrada, servidos en el cuenco en forma de pulmón.
Y, por, supuesto, tú, en bata. Mejoraría si bajo la bata llevas pantalón de vestir, camisa y corbata.
Y después de esta rima, me preparo para cenar.

ace76 dijo...

Hmmmm, sushi, maki roll... ganas de comer aumentando!

Nils dijo...

los restaurantes japoneses son como los nipones guapos, que molan bastante ; )

PabLoOoL dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
filomela dijo...

Creo que si no todos, al menos la mayoría, aceptaríamos de buen grado la invitación al japonés. Puedes hacer diversas convocatorias. En cuanto al bar, no lo termino de ver...¿ siguen llevando los pijos gomina? Hace tanto que no veo uno que ...

Ángel dijo...

María, la rima ha sido lo que se denomina rima absoluta: "bata-bata". Tremenda, como siempre. Sí, te dejo que me invites.

Ace, ¡y sushi con foie! ¡merece la pena, vaya que sí!

Nils, pero el sushi no es merendables.

Filomela, la invitación sigue en pie. Yo te invito a ir y tú te encargas de pagar la cuenta por la cuenta que te trae. La gomina sigue intacta. O quizá sean excrecencias de sus masas encefálicas. Hay cosas que es mejor no saber.

TortugaBoba dijo...

Siento decir que no soy fan de la comida nipona, así que declino la oferta :P
¿Los chándales blancos sólo o también los azules con rayas blancas a los lados?
Besoooo

Inverosímil dijo...

No conozco a ningún japonés pero me encanta su comida.

Conozco a unos cuantos pijos y la verdad es que cada día procuro conocerlos menos por si es contagioso. En mi pubertad botellonera en el parque de Tribunal en Madrid, solíamos ir a ver la salida del pase de tarde de Pachá porque siempre había pelea de pijos. Un espectáculo impagable. Las tortas eran blandas y no había navajazos pero sí mucho grito de niñas histéricas. Las ostias más gordas las soltaban los papás de los pijos que les venían a recoger. Todavía no sé si para separarlos o para rematarlos.

Ángel dijo...

Tortugaboba, únicamente blancos. Los azules con rayas blancas a los lados, ya sean Adidas o incluso Abidas, tienen un delicadísimo e imprescindible toque retro.

Inverosímil, si te enteras de cuándo va a ser la próxima, avisa. Pagaría por ver algo así (aunque sea impagable).

Tataki de Simón dijo...

Por supuesto que doy fe, tanto de la sutilidad de los manjares que Ángel y yo tuvimos el placer de degustar, como de los estragos que causó la cuenta en el "aguilando" que mi abuela (Señoras que te dan el "aguilando" y un beso en la mejilla"....hazte fan) me da cada Navidad y/o cada vez que se lo pido.

Eso sí, aviso a tu cartera de que la próxima vez quizás esté más cercana de lo que parece. Y el que avisa no es traidor.

Chexpirit dijo...

¡¡¡Me ha encantado este post!!! Cada día eres más Ignatius Reilly, espero que conscientemente. Qué falta de geometría y decencia tiene este blog.

Kar Wai dijo...

Habráse visto que barbaridad, 2 hombretones con tanto vello y todavía pidiéndole el aguilando a la abuela pensionista...

En mi barrio no abren japoneses pero cierran chinos a puntapala. Me pregunto si la crisis no será como una reparación histórica por aquel asunto de la Manchuria...

Ángel dijo...

Tataki, llevo desde pequeño ahorrando divisas de todo tipo en monedas pequeñas sin numerar para estas ocasiones.

Chexpi, me falta algún kilo y me sobra higiene. Por lo demás, creo que sería un buen trasunto de Ignatius.

Kar Wai, tú entiendes a los chinos mejor que nosotros. Probablemente tengas razón. Probablemente no. Nunca lo sabremos.

Antonio Rentero dijo...

"La actual sociedad, tan carente de teología y de geometría"

Ignatius, chico!!!

Ángel dijo...

Renter, estoy a media conjura y es un libro tan esperpéntico como maravilloso. Si este se vuelve un blog crítico, disculpádmelo, será transitorio. Y además, este mundo asqueroso... le hace tanto daño a mi válvula...

Antonio Rentero dijo...

Termina cuanto antes esa conjura... una conjura a medias no conduce a nada.

TortugaBoba dijo...

Ando un poco perdida Ángel. Pensé que ya te habías leído el libro :)
La válvula de Ignatius, qué buenos recuerdos...
Besooo

Pako dijo...

¿Dónde está ese japonés? ¿Es el Sakurando ese nuevo de Juan Carlos I?

Me encanta imaginar como diría un japonés ese nombre... SAKURANDOOO!!

Ángel dijo...

Estoy acabándolo. En medio tuve un affaire con "El Señor de los Anillos". Es la tercera vez que caigo, sabe que me tiene a su merced.

Pako, no, este se llama Ensosushi. Jamás hará el mismo efecto pronunciado por un japonés, pero lo compensa con su variedad de platos, su exquisitez, su decoración y sus precios inasequibles.

PabLoOoL dijo...

Impresionante, no tengo palabras.
Tengo que agradecerte tu post, ya que si bien ya tenía pensado ir a probar que tal estaba el restaurante, tu post sólo ha hecho que la visita se haya adelantado.
Genial!!

Ángel dijo...

Me has quitado un levísimo peso de encima.