Desde dentro
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Con el cambio climático llegan las rutinas anuales. Mis abrigos han salido del armario y, tras protestar por las recientes declaraciones de la Reina, muestran su buena disposición hasta la llegada del implacable lorenzo.
La verdad está, como siempre, en el interior. Al cumplir el rito del desentrañamiento, descubro en sus bolsillos fragmentos de mi vida que me fueron sustraídos hace medio año y que emergen entre sentimientos de nostalgia y de estupor ante la cantidad de mierda acumulada.
Inventario:
- Entradas de cine de tintas tan desvaídas que más se acercan a la categoría de trocito de papel inútil con borde ligeramente aserrado.
- Un billete de cinco euros tan arrugado que más se acerca a la categoría de entrada de cine de tinta desvaída.
- Un caramelo Halls miel-limón sin azúcar en sorprendente perfecto estado de conservación.
- Un post-it con una lista de libros que necesitaba hace un año para mi tesis doctoral, y que al contacto con la vista me proporciona sensaciones de alivio nunca antes experimentadas.
- La tarjeta de un pastor protestante que algún acólito anónimo me colaría con propósitos proselitistas subrepticios.
¿A alguien le faltan cinco euros?
