Pum

Serían aproximadamente las once y veintitrés minutos cuando ha sonado el timbre de mi casa. Será publicidad, será el cartero, será una rosa, será un clavel... Pues no, nada de eso. Era una señora estupenda proviniente de Gas Natural (la empresa, no el planeta).
Como era una señora estupenda y llevaba un maletín estupendo la he dejado pasar. Desde el primer momento la he admirado por su desparpajo. No paraba de sacar aparatos a cada cual más estupendo de su maletín estupendo. Que si una cosa que acababa en un tubo, que si otra que hacía "pi", que si otra que no acababa en un tubo... En fin, el despiporre.
Tan estupenda era la señora que sólo con ver el contador del gas ha movido la nariz al más puro estilo embrujada y ha torcido el gesto. Primero me ha pedido un vaso de agua y he supuesto que el esfuerzo mágico le había dado sed. Después me ha pedido que le añadiera al agua un chorrito de mistol y he pensado que quería lavarse el pelo. Y al final me ha pedido una brocha y he pensado que quería embadurnar el pavo de la cena de acción de gracias.
Yo he obedecido sin rechistar. A ver quién iba a decirle que no a una señora tan estupenda.
Entonces, la señora estupenda ha mojado la brocha en el preparado jabonoso, ha embadurnado el contador y, de repente, como por arte de birlibirloque, han empezado a surgir pompitas rellenas de gas natural como él solo.
Con gesto de satisfacción, me ha dicho que eso era un escape, me ha cerrado la llave del gas hasta que se arregle la emergencia y me ha dicho que si llega a tardar unos días más la explosión se hubiera oído en Alsacia-Lorena.
Mañana me ducharé con agua fría y desayunaré un huevo crudo con pan sin tostar, pero mejor eso que su contrario.




