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Caminaba yo esta tarde con ánimo sereno y haciendo gala de algunos de mis exquisitos modales burgueses cuando, repentinamente, he observado un miembro en activo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, vulgo poli local, reprendiendo dura y chulescamente a una indigente violinista con perrico adorable incorporado. Le decía algo así como que despejara la vía pública o ya se encargaría él de que el perro acabara debidamente gaseado.
Tras avanzar unos metros, quizá llevado de mi amor por los violines, por las indigentes, por los perricos adorables incorporados o por todo ello a la vez, he decidido tomar medidas idóneas.
Metros más adelante, tres inmigrantes hacían su particular febrero a base de cedés y deuvedés sobre fondo blanco. Me he acercado a uno de ellos y le he dicho que fueran recogiendo si querían que su mercancía no acabara debidamente gaseada.
El inmigrante me ha mostrado su agradecimiento y yo ahora estoy en casa con la sensación del deber ilegal cumplido y la certeza de que hay un montón de policías leyendo esto y a punto de llamar a mi puerta con una citación judicial en ristre.
Caminaba yo esta tarde con ánimo sereno y haciendo gala de algunos de mis exquisitos modales burgueses cuando, repentinamente, he observado un miembro en activo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, vulgo poli local, reprendiendo dura y chulescamente a una indigente violinista con perrico adorable incorporado. Le decía algo así como que despejara la vía pública o ya se encargaría él de que el perro acabara debidamente gaseado.
Tras avanzar unos metros, quizá llevado de mi amor por los violines, por las indigentes, por los perricos adorables incorporados o por todo ello a la vez, he decidido tomar medidas idóneas.
Metros más adelante, tres inmigrantes hacían su particular febrero a base de cedés y deuvedés sobre fondo blanco. Me he acercado a uno de ellos y le he dicho que fueran recogiendo si querían que su mercancía no acabara debidamente gaseada.
El inmigrante me ha mostrado su agradecimiento y yo ahora estoy en casa con la sensación del deber ilegal cumplido y la certeza de que hay un montón de policías leyendo esto y a punto de llamar a mi puerta con una citación judicial en ristre.