martes, 10 de febrero de 2009

Mi buena mala acción del día

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Caminaba yo esta tarde con ánimo sereno y haciendo gala de algunos de mis exquisitos modales burgueses cuando, repentinamente, he observado un miembro en activo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, vulgo poli local, reprendiendo dura y chulescamente a una indigente violinista con perrico adorable incorporado. Le decía algo así como que despejara la vía pública o ya se encargaría él de que el perro acabara debidamente gaseado.

Tras avanzar unos metros, quizá llevado de mi amor por los violines, por las indigentes, por los perricos adorables incorporados o por todo ello a la vez, he decidido tomar medidas idóneas.

Metros más adelante, tres inmigrantes hacían su particular febrero a base de cedés y deuvedés sobre fondo blanco. Me he acercado a uno de ellos y le he dicho que fueran recogiendo si querían que su mercancía no acabara debidamente gaseada.

El inmigrante me ha mostrado su agradecimiento y yo ahora estoy en casa con la sensación del deber ilegal cumplido y la certeza de que hay un montón de policías leyendo esto y a punto de llamar a mi puerta con una citación judicial en ristre.

domingo, 8 de febrero de 2009

Vivir de (casi todo el) cine

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Reconozco que no puedo con el cine de terror. Las inmensa mayoría de pelis de miedo que he visto completas, incompletas o entre el hueco de dos dedos de mi mano, han acabado conmigo bañado en sudor frío y balanceándome sobre mi propio coxis. Las extrañas excepciones ("La semilla del diablo" o "El resplandor", vaya usted a saber por qué) son meramente anecdóticas.

A los siete años recibí el primer varapalo con los Gremlins, y en mi adolescencia rebelde fueron Damien y su profecía los encargados de recordarme mi particular cinefobia. Con el crecimiento en madurez y experiencia ya no sólo el terror me aterroriza, sino que cualquier película con alto potencial desasosegante es capaz de dejarme mal cuerpo y peor alma.

Esta limitación me trae por la calle de la amargura. En las reuniones secretas que mantenemos los gafapastas murcianos en los sótanos de la Filmoteca me azoro muchísimo cuando me preguntan si he visto "Requiem por un sueño", "Funny Games" o la última de Lars von Trier, y no me queda más remedio que cambiar bruscamente de tema o derramarle a alguien el té por los muslos.

Hace unas semanas, una de mis catecúmenas me contó que, a sus catorce años, las películas que más le gustan son "las de gente descuartizada". Hoy, recordando aquellas sabias palabras -que aún resonaban en mis oídos con su retintín de desafío- he visto los diez primeros minutos de "Saw 3".

Y no sabéis lo difícil que me sigue resultando teclear bañado en sudor frío y balanceándome sobre mi propio coxis.

viernes, 6 de febrero de 2009

Vivir de cine

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No hace tanto, Chexpirit, buen amigo, cobloguero vecino, informático rapaz, emulador de Shikamaru, guitarrista eléctrico, dueño de Predator, discípulo aventajado, twittero infatigable y cinéfilo irredento, me sugirió la posibilidad de entrar a formar parte de la red de blogs Libreticas, sucursal cine.

Desde no hace tanto colaboro, pues, en la web vivirdecine, bajo el pseudónimo de Wonka, habitual desde que decidí fusionar a la manera de Trunks y Goten a Willy Wonka y a Wong Kar- Wai, en merecido doble homenaje.

Hasta hoy he hablado de "My blueberry nights", "La guerra de Charlie Wilson", "Cometas en el cielo" y "La duda". Para evitar duplicar entradas, anunciaré por aquí a modo de aviso las actualizaciones que vaya colgando en vivirdecine que, por cierto, pronto engendrará el primer episodio de su podcast, del que os hablaré cuando sea público y notorio.

martes, 3 de febrero de 2009

Las cinco magníficas

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Fiel a mi costumbre de ver todas las películas seleccionadas para la categoría de Mejor Película según la Real Academia de Cine y Palomitas Dulces de Hollywood, aún no he visto ninguna de las cinco. Los motivos son diversos, y se reducen a uno: en Murcia se desprecian olímpicamente las películas que no garantizan lleno en la sala. Esto provoca paradojas espaciotemporales como tener cines con dos o tres salas proyectando "Mal ejemplo" y sólo una sala en toda Murcia con "La duda", candidata a cinco óscares como cinco soles y que, por cierto, fui a ver ayer y me pareció estupenda.

Así que, de aquí al día veintidós de febrero tendría que ver...

... "El curioso caso de Benjamin Button", que estrenarán y rebosarán las salas porque es guay y sale Brad Pitt marcha atrás...

... "The reader", que provocará confusión y habrá gente que salga desconcertada por no haber reconocido a Leonardo DiCaprio en su mejor papel...

... "Milk", que se mantiene milagrosamente en un único cine y en un único último pase...

... "Frost/Nixon", que será estrenada en una sala X que habilitarán en Murcia exclusivamente a tal efecto, y...

... "Slumdog Millionaire", que compartirá cartel con la anterior y que probablemente se llamará "Concursa como puedas".

Conforme vaya viéndolas y despojándome de mis prejuicios, os cuento.

domingo, 1 de febrero de 2009

Retrospectiva agrícola de gran interés

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Ya sé que, al ser murciano de nacimiento, crecimiento, reproducción y muerte, aparezco en el imaginario colectivo como un huertano noble y leal que tararea letras de seguidillas mientras trabaja con el arado antes de volver exhausto a su barraca a comer morcillas crudas y a apretarle el refajo a su moza.

Lo cierto es que mis contactos con el sector agropecuario se limitan a una ocasión en la que, a la edad de dieciséis años, tuve que trabajar como recogedor de albaricoques y transportador de cajas de susodichos a razón de tres mil quinientas pesetas el día entero para poder costearme un viajecillo de solaz y esparcimiento con algunos compinches.

De sol a sol, de caja a caja y del cántaro a la fuente. Me gustaría destacar que al final de la jornada, cuando los últimos rayos de luz se posaban, delicados, sobre mi aparato locomotor absolutamente destrozado por el dolor insoportable que causan las roturas fibrilares en organismos zarrapastrosos apareció el terrateniente altruista de las tres mil quinientas pesetas y nos señaló que todavía nos faltaban las copas de los árboles y el suelo. Porque, como sabéis, la fruta madurísima del suelo embarrado es la que se usa para los tetrabriks ricos en vitamina C.

Y fue entonces cuando me convertí en el marxista detractor de zumos de albaricoque que todos conocéis.

jueves, 29 de enero de 2009

Retrospectiva litúrgica

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Tácheseme (sobreesdrújula) de rancio, pero ayer disfruté como hacía tiempo que no disfrutaba de los fastos y oropeles de la festividad de Santo Tomás de Aquino, Santo Patrón de la Universidad, desde la misa inicial hasta la refacción final. O sea, de diez de la mañana a tres de la tarde.

Algo influyó el hecho de que me concedieran el Premio Extraordinario de Doctorado y me invistieran Doctor, pero prueba de que no fuera concluyente es mi inveterado amor por todas estas pomposidades -era de los pocos estudiantes no se perdían una sin estar obligados ni habérseles (esdrújula) prometido medio punto a cambio-. Ayer, cuando me hicieron entrega del premio, de la medalla, del birrete laureado y del Libro de la Ciencia, rodeado del Claustro Extraordinario de Doctores, poco me faltó para la isquemia auricular.

A fin de cuentas estudié Derecho y, no contento, me especialicé en Canónico y Eclesiástico. Mi objetivo a corto plazo, para completar la estampa de venerabilidad y apolillamiento, es tener setenta años.

lunes, 26 de enero de 2009

Inteligencia artificial

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Está grabado con móvil, de vez en cuando se descuadra un poquito la imagen y, lo peor de todo, José Miguel se luce mucho más que yo, cosa de todo punto inadmisible, pero sirva de entrante mientras no llega el deuvedé matriz del que saldrá el futuro vídeo más visto de YouTube seguido de cerca por algún otro de perros graciosos.



¿Lo hubierais sabido vosotros?

sábado, 24 de enero de 2009

El partido de mis sueños

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No soy, creo, especialmente sonámbulo. En reuniones de compadreo diverso sale el tema con frecuencia modulada, y es gracioso oír relatos de amigos que han despertado en otra habitación o que alguna vez se han visto sorprendidos en posturas inverosímiles o realizando actos impropios. A lo más que suelo llegar es a esa especie de botecito en la cama con sensación de vértigo que alguna vez todos hemos dado en estado de duermevela.

Esta noche, sin embargo, he sido portero de fútbol. Era una disputadísima final en la que participaban muchas caras borrosas y alguna cara conocida que no podía faltar al evento, como mi antigua profesora de solfeo o Héctor Alterio. No recuerdo quién ha chutado a puerta, pero haciendo gala y ostentación de mi agilidad desmedida me he lanzado a por el esférico como si me fuera la vida en ello.

Aún tengo la mano entumecida y los nudillos sonrosados por el dolor del golpe seco que he propinado a puño cerrado al cabezal de mi cama. Duele, sí, pero el dolor remitirá. No así la frustración de no llegar nunca a saber si mereció la pena o si ni siquiera en sueños soy capaz de jugar al fútbol.