miércoles, 27 de diciembre de 2006

Sin respuesta

¿Es posible añorar precisamente aquello que nuestra memoria no alcanza a recordar?

10 comentarios:

emilcar dijo...

Ya lo creo. Además cuando al final consigues recordarlo, la desazón es inmensa, una sensación agridulce mezcla de dolor y satisfacción por haber recuperado el recuerdo.

Ángel dijo...

No sé. Creo que me refería más bien a buenos (no) recuerdos, a aquellos que anhelas precisamente porque intuyes que formaron parte de un pedacico más feliz de tu pasado.

Hablo sobre todo, me parece, de la inocencia de la niñez. Y no descarto dedicarle una entrada a la cuestión, por muy manoseada que esté ya.

Francis dijo...

Pues sí, sí es posible. Y de hecho se da. No sé, muchas veces, cuando añoramos, ni siquiera sabríamos definir con palabras lo que añoramos. Pero sabemos lo que es, aunque nuestra memoria no lo sepa.

Paco dijo...

No

Ángel dijo...

Razone su respuesta.

Paco dijo...

Hasta ahí podíamos llegar...

Anónimo dijo...

De la misma manera que se puede echar de menos lo que nunca se ha tenido. De eso se trata, a veces.

A.S.

Ángel dijo...

¡Caramba, alguien comentando una entrada de hace ya siete años! Qué tiempos... Y cuántas vueltas ha dado mi blog :-)

Ángel dijo...

El comentario anterior pone bien de manifiesto que no sé contar.

Anónimo dijo...

En efecto, hace cinco, y sí. Supongo que la primera entrada que leí me hizo tener que revolver en el pasado y enredarme en lo anterior de tantas y tantas palabras a fin, no sé, tal vez de encontrar algo más divertido, más contradictorio, más inesperado. Algo más, así, sin más. Y lo encontré, no te creas.

Feliz 2012, aunque esto debiera estar en una de las primeras entradas para cobrar algo de sentido, digo yo. Y con esto ese yo se despide con un enhorabuena por todas las vueltas que de hecho habrá dado este blog.

A.S.