martes, 30 de octubre de 2007

El chico del coro


Ya está bien de rodeos. Se acabó. Ha llegado el momento de que sepáis cómo me convertí en una de las figuras más prometedoras del panorama musical afroamericano.

Comienzos de los ochenta. 1983 o así, diría yo. Mi progenitor A y mi progenitor B inscriben al primogénito heredero en una academia de música y en un club de natación. Al poco tiempo, observan cómo empieza a mostrar una habilidad con el solfeo sólo comparable con su capacidad para recorrer una piscina olímpica en diagonal.

El adorable niño de cinco años que cantaba como los ángeles y se ponía triste cuando oía el Claro de Luna de Beethoven, no obstante, crece. Crece y se convierte en un prepúber tirando a mastuerzo que prefiere jugar a la Megadrive que estudiar violín (algún día os cuento por qué creo que el estudio del violín fomenta la agresividad infantil y la inadaptación social), mientras su profesor se aficiona a las técnicas budistas de relajación para evitar convertirse en un infanticida.

A los trece años, deja definitivamente la academia de solfeo y, cuando sale por la puerta, le parece oír llantos de alegría incontenible y un par de sonidos de botellas descorchadas. Hasta los diecinueve mantiene su mente ocupada en otras actividades de variada índole, por las que me preguntaréis en los comentarios.

Y a los diecinueve, acude a un concierto de "El Mesías" de Handel y sufre un shock anafiláctico que le hace comprender que debe hacer algo por la música a la que ha dado el costado durante años. Algo que no incluya el tener que tocar el violín, lo cual agradecen especialmente sus vecinos, que suelen encontrar más relajantes los maullidos de un gato al ser desollado que los ejercicios de repentización del chico del tercero izquierda.

Desde entonces hasta hoy he pasado por varios coros hasta dar con mis huesos y mis cuerdas vocales en Ars Mvsica, un coro especializado en música antigua donde he encontrado compañerismo, paz, sosiego, largueza, templanza y diligencia.

Nuestro próximo concierto en Murcia, el día 20 de diciembre a las 20.30h en el Archivo Regional. Va a molar que te inclinas, así que espero veros a todos allí desprovistos de huevos, tomates y otras armas de destrucción masiva.

PS: si queréis ver un vídeo, hay una entrada del mes de julio donde se nos puede contemplar en actitud polifónica.

domingo, 28 de octubre de 2007

Entrada con guiones sobre viaje confitado

Este fin de semana he estado en una casita rural en la Sierra de Cazorla llamada Casa Gilico. Éramos once, como once eran las varas de la camisa u once los cuatro jinetes del Apocalipsis.

Os tendría que relatar todo en forma de entrada interminable, porque es mi deber como alcalde vuestro que soy, pero voy a resumiros un poco lo que ha venido siendo la estancia en código pop-art:

- El viaje hacia allá estuvo bien. Perdí la cuenta en la curva número ochocientos tres, pero el paisaje era bonito y el Toyota Corolla de José Miguel tiene un detector de lluvia que nos amenizó el viaje con algunos chistes de dudoso gusto.

- La cena consistió en una frugal colación consistente en comida de todos tipos que ingerimos con fruición hasta que notamos que se nos bifurcaban las arterias propias y las venas cavas.

- La temperatura era tan baja como la luná, como la luná, como la luná. Y vestidos al anochecer nos sorprendió el mencionado satélite, cantando tonadillas y zarzuelicas mientras nuestros sistemas inmunitarios sacaban la bandera blanca.

- El sábado amaneció soleado y con malas rachas de aire frío. Pasamos la mañana en Cazorla, y comimos carne de caza junto a un precipicio hasta que nuestros poros comenzaron a rezumar cérvido.

- Por la tarde hicimos senderismo. Intentamos llegar a una antena que había sobre una colina pero nos lo impidió una verja construida por los otros. Jugamos a que éramos los de Perdidos y yo me pedí Sawyer. Al final Jack pisó una hez de vaca.

- Hoy, en Úbeda, la señora que nos ha enseñado la capilla funeraria de El Salvador me ha preguntado por mi posible vocación sacerdotal. El pueblo muy bien, muy limpio, muy curioso, se podía comer sobre él.

- El viaje de vuelta ha cobrado un sesgo intelectual cuando ha surgido el tema de la posible despenalización del aborto con efectos retroactivos.

Luego editaré el post y pondré unas fotos para que veais ilustrado lo que ahora sólo vuestra imaginación apenas atisba.

jueves, 25 de octubre de 2007

Improcedencia

Anteayer despidieron a un compañero de trabajo de un amigo, y para celebrarlo (¿?) le montaron una fiesta nocturna y sorpresa superguay.

La cuestión es que ayer pasé por la empresa de mi amigo a saludarlo y a preguntarle qué tal había ido la fiesta nocturna y sorpresa superguay. En este punto de la narración, debo aclarar que conozco a algunos de los trabajadores de la empresa de vista, a otros de oídas y a otros de olfato, pero con la mayoría no he cruzado más que un par de corteses "buenassss".

Y entonces me dice Antonio, el amigo, que espere fuera que sale enseguida. Y yo espero fuera. Y va saliendo gente. Y empienzan los "buenassss" e incluso algún que otro "¿me podría decir la hora?". Y a todo esto sale uno que me suena remotamente y se produce el siguiente diálogo:

- Antonio dice que sale enseguida.
- Ah, perfecto...
- ¿Qué tal va todo?
- Pues bien...
Naturalmente, yo no tenía ni idea de con quién hablaba.
- Me alegro mucho.
- ...
- ...
- Ayer fue la fiesta de despedida de Cristóbal, ¿eh?
- Sí.
- ¿Estuviste?
- Sí, por allí estuve, sí.
- Anda que... menudo eres tú, no te pierdes una.
Algún día espero enterarme de por qué dije eso.
- Ya te digo.
- Bueno, pues que vaya bien, ¿eh?
- Hasta luego.
- ¡Adiós!

Pues sí, era el propio Cristóbal.

Pero ¿no estaba despedido? ¿qué hacía allí?

Y además, ¿acaso tengo yo la culpa de que se me dé peor conocer que ser conocido?

martes, 23 de octubre de 2007

Post eminentemente anafórico

Había dos televisores de cuarenta y dos pulgadas.

Había dos Xboxes 360.

Había ocho mandos inalámbricos.

Había tres paquetes de pilas.

Había un GRAW 2 y un Halo 3.

Había palomitas saladas y, por otra parte, palomitas dulces y, por otra parte, una caja de galletas que fue devorada con avidez.

Había un perro y un gato.

Había una pizarra blanca y un rotulador negro para las puntuaciones.

Había pizzas de masa pan (o masa frita) y pizzas de masa clásica (o masa hez).

Y había diez amigos deseando dar al resto lo que se merecían en un día otoñal de tonalidades grisáceas.

Puede que muchos penséis que menudos frikis e incluso que a nuestra edad eso es una vergüenza y que deberían encarcelárnos a todos, pero yo os digo que fue una jornada de incursión furtiva en nuestras infancias y que lo pasamos chupi.

Atended, atended...


lunes, 22 de octubre de 2007

La abeja cadáver


Rondaba yo los ocho años, como siempre hago, y usufructuaba una mansioncita campestre en compañía de mi familia. Recuerdo que llevaba una de esas sandalias que nos ponían a los niños pequeños para no pisar las algas, de esas de plástico que se ajustaban con una hebilla.

Aquel día estaba eufórico, porque quizá porque mi niñez sigue jugando en tu playa, quizá porque ese día había ingerido más azúcares que los permitidos por la legislación entonces vigente, cometí la temeridad de descalzarme. Entonces la vi, en el suelo, muerta, boca arriba, patas arriba y aguijón arriba. Era una abeja normal, no tenía pinta de haber sido gran cosa en vida, y pensé: "ja, ja, ja, qué abeja más muerta, qué pringá".

Debí de pasarlo tan bien en la piscina haciéndole aguadillas a mi hermano (a ver si se decide a comentar a base de provocaciones), que a la salida olvidé a la abeja y caminé ufano hasta ubicar el dedo pulgar de mi pie derecho en el aguijón central de la abeja muerta.

Todavía hoy, los inquilinos afirman oír cada noche la terrorífica risa del cadáver de la única abeja a la que no le hizo falta perder el aguijón para morir y picar en ese orden.

jueves, 18 de octubre de 2007

¡Fobia suuuuuperada!



¿Qué pensábais, que nunca iba yo a superar mi auténtico pánico genético e hiperestésico a meterme en un túnel de lavado dentro del coche? Pues menudo soy yo. Después de casi treinta años, ahí estoy, hecho un campeón.

Ahora sólo me quedan las películas de terror, la pandilla basura, la gente que escupe por la calle, las avispas, el tono Nokia de los nokias, los cajones semiabiertos, Adam Sandler, los que usan emoticonos en lugar de palabras por messenger, La hora hache, los restos de tiza que quedan sin borrar en las pizarras, las camisas de rayas azules y blancas con cuello blanco, las bolsas de basura que se rompen, los tópicos que son verdad y algunos cientos de fobias más que iré añadiendo conforme se me ocurran.

Un día os contaré cómo me picó una abeja muerta.

martes, 16 de octubre de 2007

Noticias breves para mentes inquietas

- El viernes pasado estuve en el primer botelleo oficial de mi vida, y he de decir que lo pasé bien, que no bebí nada en absoluto (¡hola mamá!), y que queda mucho mejor "botelleo" que "botellón" o incluso "botellona", como se le denomina en Sevilla y aledaños mártires.

- Leo en DentroCine que Helen Mirren será dirigida por su esposo, pero no especifican a dónde.

- El día 12 de enero, La Casa Azul ofrecerá un concierto en el Auditorio Víctor Villegas de Murcia. He oído algunas canciones de las nuevas y son un tanto peores que las de anteriores elepés. Quizá sea debido a que el porcentaje de palabras esdrújulas utilizadas en las letras ha bajado en un 63% como consecuencia de la caída del IBEX 35.

- Últimamente me topo con blogs que me disparan el ácido úrico.

- Sigo teniendo muchas ganas de grabar un corto, o de interpretar de una puñetera vez al Sr. Martin de "La cantante calva", o de no hacer ninguna de las dos cosas.

- Hoy, en esgrima, me han pegado un espadazo en la espalda, y aún no sé cómo ha podido ocurrir física ni metafísicamente, puesto que estamos uno enfrente del otro.

Y un aforismo para terminar: "en el país de los ciegos, el tuerto está en la cárcel".

Muchas gracias.

viernes, 12 de octubre de 2007

La te con la equis, che

Queridos contertulios, hoy no voy a hablaros del efecto dos mil, tal y como suelo hacer habitualmente. Hoy, por ser el día de la hispanidad, vamos a distraernos un poco departiendo sobre empresas en general y franquicias vascas en particular.

Confesad que alguna vez habéis comido en el Lizarrán. Por si no, el Lizarrán es un sitio donde los camareros molan y hay un montón de gente acetxante alrededor de la barra en busca de nuevos pintxos que llevarse a las fauces. Cada pintxo lleva un palillo. Cada palillo pintxa un pintxo. Además, hay carteles supertxulos colgando de las paredes con bromicas y fotos de señores fornidos cortando troncos.

A mí me gusta, como dice Jaimito en el txiste del amoníaco. Hoy he vuelto a ir con cuatro amigos. Y ha llegado el camarero molón: dos botellines de agua, una cocacola, una cerveza con alcohol, otra de las normales, cuatro fuentes de patatas bravas (sí, cuatro) y algún pintxo residual para ir abriendo boca.

Ahora imaginad que sois hombres españoles como Dios manda y que leeis en una pizarra que con cincuenta pintxos adquirís el derecho de propiedad sobre una camiseta negra que pone "I love txistorra". ¿Qué haríais?


Ahí los tenéis. Cincuenta justos. Daba igual que fueran de boquerones con salsa tártara que de sobrasada con paté de deshechos humanos. Claro, cuantos más llevabas más náusea vital sentías, pero más cerca estabas de los cincuenta. Cedían los agujeros del cinturón, pedíamos más bebida para acompañar la ingesta, se nos nublaba la vista, pero somos hombres españoles como Dios manda y teníamos que rendir homenaje a nuestros antepasados. Sobre todo a tantos y tantos que han muerto de indigestión y que la Historia ha relegado a la sima del olvido.

De postre, brownies de chocolate sobre letxo de nata confitada. Total, ya...

Mis padres están cenando. Yo escribo este post en ayunas desde las tres y media y con claros síntomas de congestión cerebral, pero la camiseta es nuestra y eso es algo que ya nadie nos podrá arrebatar.