He sobrevivido. Un fin de semana relleno de montañas escarpadas y de barbacoas escarpadas en una casa rural y escarpada no ha sido bastante para destruir mi ya de por sí enclenque naturaleza y débil condición. Ni siquiera con un remate de dos horas de pádel a la vuelta del viaje; de pádel rural y escarpado.
El lunes, para celebrarlo como era entonces debido, decidí asistir al curso de cocina japonesa que tanta ilusión me hacía. Cuando llegué, constaté que aquello, más que a profesores de Derecho Constitucional -como, por otra parte, podía pensarse- estaba destinado a cocineros regionales experimentados, lo cual encajaba con la descripción que aparecía en el prospecto de la jornada, sobre todo en la parte de "destinado a cocineros regionales experimentados" (lo cual, pese a las comillas, no es en absoluto textual).
Reconozco que me azoré imperceptiblemente cuando fui seleccionado para acompañar al líder en su tarea culinaria, debido quizá a que nunca había preparado hasta entonces California Rolls con sus huevas y todo. Fue entonces cuando, delante de más de cincuenta cocineros regionales experimentados, demostré que se puede derramar un vaso de agua fresca en un plato rebosante de pepino cortado en delicadas tiras y de aguacates laminados con muchísimo esmero. Y todo ello, conste, sin perder un ápice de falta de compostura.
El lunes, para celebrarlo como era entonces debido, decidí asistir al curso de cocina japonesa que tanta ilusión me hacía. Cuando llegué, constaté que aquello, más que a profesores de Derecho Constitucional -como, por otra parte, podía pensarse- estaba destinado a cocineros regionales experimentados, lo cual encajaba con la descripción que aparecía en el prospecto de la jornada, sobre todo en la parte de "destinado a cocineros regionales experimentados" (lo cual, pese a las comillas, no es en absoluto textual).
Reconozco que me azoré imperceptiblemente cuando fui seleccionado para acompañar al líder en su tarea culinaria, debido quizá a que nunca había preparado hasta entonces California Rolls con sus huevas y todo. Fue entonces cuando, delante de más de cincuenta cocineros regionales experimentados, demostré que se puede derramar un vaso de agua fresca en un plato rebosante de pepino cortado en delicadas tiras y de aguacates laminados con muchísimo esmero. Y todo ello, conste, sin perder un ápice de falta de compostura.